El escaparate trabaja las veinticuatro horas del día y es lo único que ve quien pasa por delante con prisa. Cuidarlo no exige presupuesto, exige criterio y un rato cada pocas semanas.
Estas son las pautas que mejor funcionan en comercios pequeños, donde el espacio es limitado y no hay un equipo de escaparatismo detrás.
Menos producto y más mensaje
El error más común es llenar. Un escaparate con veinte referencias no comunica nada; uno con cuatro bien colocadas cuenta una historia. Elige una idea por temporada y deja que el resto del producto espere dentro de la tienda.

Lo que más se nota desde la acera
Si solo puedes cambiar tres cosas, que sean estas:
- La luz: un foco dirigido cambia más el resultado que cualquier decoración.
- La altura: lo importante va a la altura de los ojos, no en el suelo ni en el techo.
- La limpieza del cristal y la ausencia de carteles antiguos o descoloridos.
Cámbialo cada cuatro o seis semanas, aunque sea moviendo lo que ya tienes. Quien pasa a diario por tu calle nota el cambio, y esa es exactamente la idea.